Anoche , noche fría muy fría casi diría que cabe la posibilidad de que nieve. Paisajes extraordinarios q nos dan la oportunidad de disfrutar de un otoño tardío.
Sentimientos a flor de piel, recuerdos, nostalgia, pesadez en el alma, suspiros en el corazón.
Tranquilidad, suprema tranquilidad, alma expectante, corazón dividido. Nostalgia que hace reflexionar que te lleva a disfrutar de la vista mas romántica que puede ofrecer esta época del año.
Colores ocres, verdes "hoja seca", rojos intensos, amarillos brillantes, verdes tristes que contagian esa tristeza y a la vez despiertan inquietudes, constriñen el corazón y hacen pensar que estas vivo que ese otoño se va asemejando cada vez mas al paso de tu vida, al paso de los años.
Esa mirada que comienza a estar cansada, mirada experimentada, que pretende seguir mirando como hasta ahora, pero que se delata a si misma y que hace un tremendo esfuerzo por no delatar sus sentimientos por no humedecerse.
Sigo el movimiento de los arboles, el movimiento de sus hojas con el viento, las mece, las acaricia y se las lleva, engañadas, pensando que volaran en un inmenso y largo viaje, pero que en pocos segundos caen rendidas en el jardín de al lado, de ahí, ya no se levantaran, acabo su viaje, su vida, su esplendor.
Las nubes pasan aceleradas por encima de nuestras cabezas, algo o alguien las espera en algún lugar, lugar indefinido, lugar apasionante, destino de vientos, lluvias y nubes.
Ese blanco, blanco brillante, presagio de la nieve acaricia nuestras cabezas al igual que al fondo, sobre las montañas, las nubes la acarician y caen, caen con esa gracia especial que solo ellas saben, esa gracia con la que se mueven, sin golpearse entre si, sin prisa, pero sin pausa. Divino baile entre nubes viento y montaña.
Sigo observándolas intentando entender el porque de su movimiento, el porque de su desplazamiento... No consigo encontrar un momento similar al siguiente ni tan siquiera al anterior, la vista entretiene, engancha, los minutos pasan, las horas también.
La noche ya es completa, el cielo se ve de un color azul muy oscuro, un color que da miedo, a trozos se reparte el espacio con las nubes, esas nubes blancas, brillantes...El viento ha parado, y el frió de la noche cae con todo su peso, en breve, comenzará a helar, una suave y fina capa de hielo cubrirá la superficie de todo lo que toque.
Ya sentada en el sillón frente a la lumbre, me pierdo en pensamientos, en sentimientos y me dejo llevar por las llamas, esas llamas que tanto relajan, que atrapan. Al igual que las nubes, el viento, las hojas, las llamas no repiten su baile incesante, comienzo a sentir ese calor placentero en mi cara. Pierdo el dominio de mis ojos, los parpados se van cerrando a la vez que escucho al fondo, música una música suave que me transporta a todo lo vivido y sentido hoy.
Gracias por este día, por otro día por lo que los sentidos han disfrutado, por lo que el paso del tiempo aporta a nuestras vidas, por las reflexiones, por los sentimientos encontrados, por estar vivo en definitiva.

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